NUEVA LECTURA DE UN TEXTO CLAVE
La “Carta al padre” de Kafka, pura ficción
Un documento inédito refuerza la tesis de que Kafka se inventó un padre tirano

in: (http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/FOROLEER?id=298767)

Las memorias de un empleado de la tienda familiar describen al padre de Kafka como un ser amable y apacible MARC BASSETS - 29/04/2004
Berlín. Corresponsal
Hermann Kafka, al que su hijo Franz retrató como un feroz tirano en la célebre “Carta al padre”, era en realidad un hombre “tranquilo y casi amable”, “bastante simpático”, que mimaba a su hijo y trataba con mano de seda a los empleados de su comercio en el centro de Praga, según consta en un documento que en los próximos días se publicará en Alemania.
El documento en cuestión, inédito hasta que el año pasado se publicó en lengua checa, es un fragmento de las memorias de Frantisek Xaver Basik, un checo sin relación alguna con el mundo literario que entre 1892 y 1895 trabajó como aprendiz con el padre de Kafka, por entonces un próspero comerciante.
Escrito en 1940, cuando Kafka todavía no tenía el renombre internacional que después adquirió y faltaban doce años para que se publicase la “Carta al padre”, el texto de Basik aporta por primera vez otra mirada al padre del autor de “El castillo”. Una mirada que cuestiona directamente la interpretación literal del texto de Kafka y aporta a los estudiosos y seguidores del escritor un documento significativo para entender la carta más como un artificio literario que como una historia real.
“La ‘Carta al padre’ de Franz Kafka ofrece informaciones biográficas, pero es más que un simple documento (...), es un texto literario de la modernidad”, escribe Hans-Gerd Koch, filólogo y especialista en Kafka en el prólogo de la nueva edición de la “Carta al padre”, que publicará la editorial berlinesa Klaus Wagenbach, e incluye los recuerdos de Basik. “Esto podría significar que mucho de lo que la carta nos dice sobre Hermann Kafka hay que observarlo desde el prisma de la ficción.”
Existían indicios de que la “Carta al padre”, escrita en 1919, no era una carta “real”. Kafka, por ejemplo, nunca la llegó a enviar a su aparente destinatario y fue hallada por su testaferro entre los papeles póstumos. El mismo Max Brod, el amigo íntimo del escritor, ya había indicado que Hermann Kafka, una especie de “self-made man” judío nacido en la provincia, era un padre generoso con sus hijos. Nunca les dio un azote y proporcionó a Franz la oportunidad de viajar y estudiar en la universidad.
Con catorce años, Basik entró en la tienda de Kafka. Aquí empieza el relato, que ofrece un fresco de la vida cotidiana en la Praga de finales del siglo XIX, una ciudad donde convivían checos, judíos y alemanes. También es una descripción de la vida familiar de los Kafka, quienes vivían en el mismo edificio en el que se encontraba la tienda.
El amo aparece como un bromista, atento para que el nuevo e inexperto empleado se sienta cómodo. Al poco de entrar en la tienda, le reconoce sus aciertos y le sube el sueldo, le asigna al departamento de contabilidad y le encarga que dé lecciones de checo al pequeño Franz, de diez años, quien tiene dificultades con esta asignatura en la escuela alemana donde estudia. Parece que en realidad los padres buscan un amigo para su tímido hijo y pronto ambos dan largos paseos juntos. Un verano incluso se llevan al aprendiz dos semanas de vacaciones para que haga compañía al futuro escritor.
La relación termina dos años y medio después, cuando Basik encuentra un trabajo en otra empresa. Amedrentado por la posible reacción de su jefe, se lo anuncia. Pero no hay nada que temer. “Herr Kafka es un hombre tranquilo, casi amable, y ese día estaba especialmente de buen humor, y se notaba. Se rió y dijo amablemente: ‘Si piensa usted que allí estará mejor, no se lo impediré’”, se lee en en la últimas páginas de la narración publicada ahora.

UN RELATO QUE CONTRADICE LA OBRA "CARTA AL PADRE"
?Franz Kafka inventó que su padre era un tirano?

En la autobiografía de un empleado del padre se dice que éste era apacible y simpático. Según un filólogo alemán, Kafka pudo dar esa imagen como un recurso literario más.

Gabriel Giubellino. (ggiubellino@clarin.com)
in: Clarín 30. 4. 2004 (http://www.clarin.com/diario/2004/04/30/s-04015.htm)

Los biógrafos del escritor Franz Kafka tienen trabajo nuevo. Hermann Kafka, a quien su hijo Franz retrató como un déspota en la "Carta al padre", era "tranquilo y casi amable, bastante simpático". Antes que amenazar a Franz, lo "mimaba bastante" y también trataba "ecuánime y dulcemente a los trabajadores" de su negocio en Praga. Esta es la versión que ha dejado al mundo un ex empleado de Hermann.
A quien haya leído "Carta..." le resultará muy dificultoso cambiar de opinión. Ese libro es contundente, de tono definitivo. Pero la noticia que se conoce ahora tiene un componente que le otorga gran credibilidad: la nueva descripción de Kafka padre fue realizada en 1940, doce anos antes de la publicación de la célebre carta.
El autor no es un escritor contemporáneo que busca fama a fuerza de polémica, ni un investigador que haya rastreado documentos. El checo Frantisek Xaver Basik, tal su nombre, era un empleado de Hermann Kafka. Había entrado en la tienda de Hermann cuando tenía 14 anos, en 1892, y trabajó para él hasta 1895.
Su obra fue publicada en checo el ano pasado y ahora se publicará en alemán.
La biografía de Basik, escrita en 1940, comienza cuando ingresa a ese trabajo. Dice Marc Bassets, corresponsal del diario catalán La Vanguardia: "Aquí empieza el relato, que ofrece un fresco de la vida cotidiana en la Praga de finales del siglo XIX, una ciudad donde convivían checos, judíos y alemanes. También es una descripción de la vida familiar de los Kafka, quienes vivían en el mismo edificio en el que se encontraba la tienda".
Cuenta que, al ingresar al comercio, Hermman le hacía bromas para que se sintiera cómodo. Enseguida le subió el sueldo y le dio tareas contables, de más responsabilidad. Incluso le encargó que le ensenara checo a Franz, un chico que no había llegado a los 10 anos. Hasta llevaron a Basik en unas vacaciones de dos semanas.
Según La Vanguardia, en las últimas páginas de la narración, Basik le comunica a Hermman, con un poco de miedo, su decisión de cambiar de trabajo. Pero Hermann lo apoya. Basik cuenta que Hermann "es un hombre tranquilo, casi amable, y ese día estaba especialmente de buen humor, y se notaba. Se rió y dijo amablemente: 'Si piensa usted que allí estará mejor, no se lo impediré'".
De todos modos, no es ésta la primera vez que se indica que el padre no era la figura opresiva retratada en la "Carta...", escrita en 1919 y publicada en 1952.
En la obra titulada "De una carta de Kafka al padre de su prometida", el autor de "El Proceso" no culpa a nadie por su carácter taciturno.
"Vivo en familia, entre personas buenísimas y afectuosas, más extrano que un extrano. Con mi madre no he cambiado en estos últimos anos más de veinte palabras de promedio al día, con mi padre, nada más que el saludo". No tenía nada para decirles; sólo le interesaba la literatura.
También se sabe que la famosa carta nunca fue enviada. Esto admite dos interpretaciones: o no lo hizo por temor, o porque era ficción pura. Lo cierto es que Hermann siempre fue una figura gigantesca, inalcanzable, ante la cual Franz se sintió inferior.
Max Brod, el amigo del escritor que no respetó su deseo de que toda su obra inédita fuera incinerada, fue quien rescató la Carta. Tambien él había hablado de la generosidad de Hermann para con sus hijos. Brod es autor de una de las biografías más reconocidas del autor de "La metamorfosis".
De todos modos, son muchos los trabajos que entienden que la "Carta..." es la llave que abre el intrincado mundo kafkiano. Siempre se la entendió como un documento, como una confesión en la que había que bucear para interpretar su obra. Ahora se empieza a ver su costado literario.
La nueva edición de la "Carta al padre", que publicará la editorial berlinesa Klaus Wagenbach, incluirá la mirada de Basik sobre su patrón. En el prólogo, el filólogo Hans-Gerd Koch escribe que esa carta "ofrece informaciones biográficas, pero es más que un simple documento (...), es un texto literario de la modernidad (...) Esto podría significar que mucho de lo que la carta nos dice sobre Hermann Kafka hay que observarlo desde el prisma de la ficción". O sea que esa imagen del padre puede ser una creación literaria.
Vale utilizar una cita de sus "Diarios", que tal vez explique algo de la mirada de Kafka sobre el mundo: "Todo es fantasía; la familia, la profesión, los amigos, la calle; fantasía lejana o pobre, la mujer; pero la verdad más inmediata es apretar la cabeza contra el muro de una celda sin ventanas ni puertas".

En documento inédito de época
Padre de Kafka no habría sido un tirano

in: La Tercera 03-05-2004 (http://216.239.59.104/search?q=cache:VWxi55j1PSgJ:www.tercera.cl/articulo/0,5819,3255_5700_75445753,00.html+basik+kafka&hl=cs&ie=UTF-8&inlang=pl)

Hermann Kafka, al que su hijo Franz retrató como un feroz tirano en la célebre Carta al Padre, era en realidad un hombre "tranquilo y casi amable", "bastante simpático", que mimaba a su hijo y trataba con mano de seda a los empleados de su comercio en el centro de Praga, según consta en un documento que en los próximos días se publicará en Alemania.
En la información aparecida en el diario espanol La Vanguardia se dice que el documento en cuestión -inédito hasta que el ano pasado se publicó en lengua checa- es un fragmento de las memorias de Frantisek Xaver Basik, un checo sin relación alguna con el mundo literario que entre 1892 y 1895 trabajó como aprendiz con el padre de Franz Kafka, por entonces un próspero comerciante.
La mirada de Basik cuestiona directamente la interpretación literal del texto de Kafka y aporta a los estudiosos y seguidores del escritor un documento significativo para entender la carta más como un artificio literario que como una historia real.
Existían indicios de que la Carta al Padre, escrita en 1919, no era una carta real. Kafka -en la foto-, por ejemplo, nunca la llegó a enviar a su aparente destinatario y fue hallada por su testaferro entre los papeles póstumos. El mismo Max Brod, el amigo íntimo del escritor, ya había indicado que Hermann Kafka, una especie de self-made man judío nacido en la provincia, era un padre generoso con sus hijos. Nunca les dio un azote y proporcionó a Franz la oportunidad de viajar y estudiar en la universidad.
En las memorias de Basik, el padre de Kafka aparece como un bromista, atento para que el nuevo e inexperto empleado se sienta cómodo. A poco de entrar en la tienda, le reconoce sus aciertos y le sube el sueldo, lo asigna al departamento de contabilidad y le encarga que dé lecciones de checo al pequeno Franz, de diez anos, quien tiene dificultades con esta asignatura en la escuela alemana donde estudia.

Un documento revela que el padre de Kafka no tenía nada que ver con el personaje descrito por el escritor.

in: http://www.yoescribo.com/lanoticia.asp?id_news=3244

Hermann Kafka, al que su hijo Franz retrató como un feroz tirano en la célebre ‘Carta al Padre’, era en realidad un hombre "tranquilo y casi amable", "bastante simpático", que mimaba a su hijo y trataba con mano de seda a los empleados de su comercio en el centro de Praga, según consta en un documento que en los próximos días se publicará en Alemania.
El documento en cuestión -inédito hasta que el ano pasado se publicó en lengua checa- es un fragmento de las memorias de Frantisek Xaver Basik, un checo sin relación alguna con el mundo literario que entre 1892 y 1895 trabajó como aprendiz con el padre de Franz Kafka, por entonces un próspero comerciante.
La mirada de Basik cuestiona directamente la interpretación literal del texto de Kafka y aporta a los estudiosos y seguidores del escritor un documento significativo para entender la carta más como un artificio literario que como una historia real.
Existían indicios de que la ‘Carta al Padre’, escrita en 1919, no era una carta real. Kafka -en la foto-, por ejemplo, nunca la llegó a enviar a su aparente destinatario y fue hallada por su testaferro entre los papeles póstumos. El mismo Max Brod, el amigo íntimo del escritor, ya había indicado que Hermann Kafka, una especie de self-made man judío nacido en la provincia, era un padre generoso con sus hijos. Nunca les dio un azote y proporcionó a Franz la oportunidad de viajar y estudiar en la universidad.
En las memorias de Basik, el padre de Kafka aparece como un bromista, atento para que el nuevo e inexperto empleado se sienta cómodo. A poco de entrar en la tienda, le reconoce sus aciertos y le sube el sueldo, lo asigna al departamento de contabilidad y le encarga que dé lecciones de checo al pequeno Franz, de diez anos, quien tiene dificultades con esta asignatura en la escuela alemana donde estudia.


La carta robada

Por Ariel Magnus (Pagina12/WEB República Argentina - http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/libros/vernota.php?id_nota=1082&sec=10&PHPSESSID=3c2083ca43edd0888281198cb4ffa30d)

1) HERMANN KAFKA
2) JULIE KAFKA
3) FRANZ KAFKA
4) FRANTISEK X. BASIK

El 11 de diciembre de 1913, Franz Kafka anotó en su diario: “En la sala Toynbee, he leído el principio de Michael Kohlhaas. Fracaso absoluto. Mal elegida, mal expuesta, la cosa acabó nadando yo insensatamente en el texto... He leído de un modo descuidado e incorrecto e imprudente e incomprensible”. En nota al pie, su editor Max Brod relativiza con alguna sorna el juicio del lector: “Este pequeño episodio de la lectura produjo en realidad una impresión mucho menos penosa que la descripta en el diario. Naturalmente, Kafka leyó maravillosamente bien, y yo, como espectador de la velada, lo recuerdo aún perfectamente”.
De similar estrategia se valió Brod con la Carta al padre: no la incluyó en el volumen dedicado a su correspondencia sino en el que reúne sus escritos literarios póstumos. “Como la carta nunca llegó a su destinatario –se justifica Brod–, no cumplió la función de una carta.” La decisión es trascendente. Acompañada de textos ficcionales, la violenta misiva pierde en parte su carácter de documento autobiográfico. A este criterio tiene que haber contribuido el hecho de que Kafka pasó (o hizo pasar) a máquina el manuscrito e incluso llegó a corregir la versión en limpio, fatiga reservada exclusivamente a los relatos que serían dados a la imprenta. Brod anota que “dentro de su obra literaria, la carta constituye el intento de autobiografía más completo que se haya propuesto hacer”, pero en su propia biografía de Kafka se ocupa de aclarar que el padre no era el tirano que pinta su hijo, una razón más para ubicar la carta entre sus otras pesadillas. Al igual que en la nota al pie del Diario, con estas matizaciones de la Carta lo que Brod busca es diferenciar la realidad más o menos objetiva que comparten los hombres de la realidad según Kafka, conocidamente única.
Sin embargo, y como seguramente temía Brod, la Carta al padre adquirió desde su publicación en 1952 el dudoso status de “clave” dentro de la obra kafkiana. No hace falta ir muy lejos para toparse con interpretaciones literales de la misma. “Intimamente no dejó nunca de menospreciarlo su padre y hasta 1922 lo tiranizó”, afirma Borges en su prefacio a La metamorfosis. “El comportamiento del padre –explica Luis Acosta en el extenso prólogo a su traducción de El castillo (Cátedra, 1998)– llega en ocasiones a adquirir niveles que superan la frontera de la racionalidad, acercándose al ámbito de la arbitrariedad, lo que de una manera ejemplar se manifiesta en el castigo físico consistente en sacar al niño al balcón y dejarle allí encerrado lloriqueando por la sencilla razón de haber perdido agua durante la noche y no haber desistido de ello a pesar de las amenazas proferidas por el padre.” Con la reproducción de esta anécdota, tal vez el pasaje más angustiante de toda la Carta, Acosta continúa décadas de biografismo basado exclusivamente en la visión de Kafka. Hasta ahora, el error metodológico tenía alguna justificación en la falta de documentos más neutrales. Ya no. Con las memorias de Frantisek Xaver Basik, publicadas en alemán en el aniversario número 80 de la muerte de Kafka, llega la nota al pie que faltaba.

El aprendiz
Hermann Kafka, el padre de Franz, había nacido en la provincia y llegado a Praga sin nada. Con mucho esfuerzo sacó adelante una casa de modas. Entre septiembre de 1892 y enero de 1895, un tal Frantisek X. Basik trabajó allí como aprendiz. Tenía catorce años cuando entró, cinco más que Franz, y además de trabajar en el negocio hizo de profesor de checo del hijo. Medio siglo más tarde, Basik compuso sus memorias, una temible pila de manuscritos que la familia prefirió olvidar en algún cajón. Recién en 1994 alguien cayó en la cuenta de que el Franz Kafka que aparece marginalmente en esos escritos era el autor marginal más canónico del siglo XX. Enseguida surgieron dudas acerca de la autenticidad del informe. “El motivo –explica el bisnieto del aprendiz– era que Basik no sabíanada de la gloria literaria de su protegido, por lo que el joven Kafka no es más que una figura episódica.” Tuvieron que pasar varios años antes de que una revista checa entendiese que esa negligencia era la prueba más palpable de que el relato debía ser veraz. Hace pocas semanas, la editorial alemana de Klaus Wagenbach (especialista que se autodefine como “la viuda más antigua de Kafka”) puso el texto al alcance de los alemanes, y la noticia no tardó en recorrer el mundo.
Es entendible: aunque existen los testimonios de Max Brod y de otros conocidos de Kafka que hablan de un padre duro, pero amable y solícito, todos ellos datan de la época en que la Carta ya era conocida. Lo mismo se puede decir de los testimonios a favor de Kafka, como la poco conocida anécdota que se encuentra al principio de los Diálogos con Kafka de Gustav Janouch: “Habíamos vuelto en nuestro recorrido al Palacio Kinki, cuando de un negocio con el cartel HERMANN KAFKA salió un hombre alto y ancho en un abrigo oscuro y con un sombrero brillante. Se paró a unos cinco pasos de nosotros y nos esperó. Cuando nos acercamos tres pasos, dijo muy fuerte: ‘Franz. A casa. El aire está húmedo’. Kafka dijo con una voz singularmente baja: ‘Mi padre. Se preocupa por mí. El amor tiene a menudo la cara de la violencia...’”.
La ventaja de las memorias de Basik es que hablan del padre desde una perspectiva por completo ajena al círculo del hijo. Fueron escritas doce años antes de la publicación de la Carta al padre y su autor murió detrás de la cortina de hierro, lejos del éxito occidental de Kafka y antes incluso de que la célebre Kafka-Konferenz de 1963 lo repatriara en parte a su Checoslovaquia natal. Ya el hecho de que a Basik no se le haya ocurrido sacar ventaja de su relación privilegiada con los Kafka indica que nunca entendió su significado. Basik no escribe sobre Kafka, y eso es paradójicamente lo que lo convierte en el observador perfecto.

Una familia muy normal
Basik describe a Hermann Kafka como “un hombre robusto, fornido y tranquilo, de unos 35 años”. Desde su entrada en el negocio, su jefe le cae “simpático”, lo mismo que su esposa. Mientras que Kafka señala que “te escuchaba y te veía gritar, maldecir y rabiar como creía que no ocurría en ningún lugar del mundo”, que lo avergonzaba “sobre todo tu tratamiento del personal”, que el padre llamaba “enemigos pagos” a los empleados, Basik cuenta que Hermann le cede horas de trabajo para que asista a clases, lo asciende y le sube el sueldo, hasta lo invita a pasar unas vacaciones con la familia. “¿¡Quién escuchó que el jefe mande al aprendiz de vacaciones junto a su familia!?”, escribe Basik. “Para colmo un judío a un chico cristiano. Mientras que en otros negocios, y sobre todo en locales de venta, los aprendices son abofeteados y golpeados por cualquier tontería...” El día en que, muerto de miedo, Basik le anunció que había decidido cambiar de trabajo, Hermann Kafka, “una persona tranquila, casi dulce, y hoy de especial buen humor”, sonrió y dijo amistosamente: “Bueno, si usted piensa que allí estará mejor, puede irse el primero de mes, yo no voy a detenerlo”.
Teniendo en cuenta que Basik era un orl (despectivo para no-judío) entre judíos, un checo entre alemanes y además un empleado, su versión de Hermann Kafka reúne los requisitos suficientes como para ser todo menos benévola. Lo que dice no es mucho, pero lo que podría decir en la dirección contraria es tanto que estas pocas observaciones alcanzan para que la figura patriarcal adquiera un matiz hasta ahora desconocido.
En cuanto al joven Franz, su tocayo Frantisek (Franz en checo) lo describe como “un niño pequeño y tímido, de unos diez años”. Como Franz tiene problemas para aprender checo, Julie, la madre, le propone a Frantisek que lo tome como alumno particular. Frantisek comienza entonces a buscarlo de la escuela, de cuatro a cinco estudian y luego salen apasear. Franz comparte con Frantisek (“aunque no precisamente mitad-mitad”) la moneda que su madre le da cada vez para que compren alguna golosina. En uno de esos paseos ocurre la escena más expresiva y conmovedora de todo el relato: Frantisek, que no sabe cómo se tienen hijos, le explica a Franz cómo se tienen hijos (ver recuadro). La madre se entera y decide suspender la tutoría. Franz obedece a rajatabla: desde ese momento, Frantisek no lo ve nunca más.

Mentiras verdaderas
Kafka escribió su Carta al padre a fines de 1919, ya enfermo de tuberculosis y poco después de que fracasara su segundo intento de matrimonio, al que su padre se había opuesto. Aunque sería apresurado reducirla a una mera revancha, es evidente que la carta nació en un pico de odio dentro de una relación que no debe haber conocido muchas cimas de otro tipo. Hasta la lectura más descuidada muestra que, tal vez movido por esa frustración marital, Kafka no sólo exagera en su retrato paterno sino que también lo sabe. Una y otra vez hace hincapié en que el problema no está en Hermann, que nada puede hacer en contra de su carácter fuerte sino en él mismo y su hipersensibilidad. Tanto insiste en ello que, tarde o temprano, da la sensación de que menos que autocompasivo está siendo decididamente irónico: “No fue un buen aporte a nuestra educación infantil cómo tú –por supuesto que sin ninguna culpa de tu parte– torturabas a madre por nosotros”. Las anécdotas más objetivas (los gritos en el negocio, el castigo por orinarse en la cama) contribuyen por su parte a redondear la imagen exagerada de un padre tiránico.
En ese sentido –y como casi toda novedad en el mundo más bien apocado de las letras–, las memorias de Basik son una sensación. Además de suministrar a conciencia una pintura de la época que le tocó vivir, involuntariamente Basik logra algo admirable en términos literarios: describir un personaje casi sin hablar de él. Al modo de esa técnica de calcado donde las figuras quedan en blanco, sombreando el contorno aparece un perfil nuevo de Franz Kafka. El hallazgo confirma así la intuición de Walter Müller-Seidel, que hace casi dos décadas ya había advertido que la Carta era un texto literario de la modernidad: “Kafka exageró, pero lo hizo adrede. No le interesaba reproducir la realidad sino exponer los problemas que lo asediaban de una forma literaria.” En su prólogo a esta nueva edición de la Carta, Hans-Gerd Koch anota que Kafka conocía la literatura antipatriarcal de la época, como el drama El hijo de Walter Hasenclever, Parricidio de Arnolt Bronnens o el poema Padre e hijo de Franz Werfel. Para Koch, la Carta intentó “conjurar, con los medios de la literatura, la figura del padre tiránico de un tiempo ya extinguido. Y eso podría significar que mucho de lo que sabemos de Hermann Kafka a través de la Carta debe ser mirado desde el punto de vista de la ficción”.

De mí a mí
La Carta al padre no se vale de la técnica del in-crescendo para crear el clima opresivo que caracteriza otros relatos de Kafka. Al igual que el resto de su ficción, empieza por el punto al que otros escritores apenas si llegan tras decenas o cientos de páginas. La situación angustiante y laberíntica no tiene salida ya desde su entrada: se trata del miedo al padre y de la imposibilidad de hablar con él de ese miedo precisamente por el miedo al padre y la imposibilidad... El final de la Carta, donde Kafka ensaya la respuesta que el padre podría haberle enviado a él, no es menos literario: “... entrelíneas, y a pesar de todas las locuciones sobre esencia y naturaleza y contradicción y desamparo, resulta en realidad que yo [el padre] soy el atacante mientras que todo lo que tú [Franz] hiciste fue en defensa propia”. El padre, a través de la inversión que ensaya su hijo, se permite incluso aludir a sus escritos, mencionando “la lucha deinsecto” en que Franz consume su vida. Aunque de forma bastante perversa, Kafka logra así que su padre se fije en su producción literaria. Que esta aprobación paterna no le era indiferente ya lo señala el hecho de que, en el mismo año en que escribió su carta, Kafka publicó Un médico rural dedicada “a mi padre”. El círculo es así perfecto: Kafka empieza su carta diciendo que su padre le pregunta por qué le tiene miedo y la termina escribiendo la respuesta en nombre de su padre. Como las de Ramón Gómez de la Serna (o como La carta robada de Poe, según Lacan), la Carta al padre acaba siendo una “Carta a mí mismo”. Como todos sus otros textos, tanto los que publicó como los que no terminó y los que mandó quemar, la carta no enviada es una respuesta desesperada a una pregunta insoluble. Literatura, pues, y de la mejor.